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sábado, 4 de agosto de 2012





Cuando se caen las hojas aún verdes de las enredaderas pareciera que algo de muerte anda dando vueltas por las veredas. Cualquier escultura lo sabe. Sin embargo, todos los que pasan por el costado, cierran los ojos y endurecen los dedos. Nadie quiere, puede o sabe recordar cuando ellas, las enredaderas, nos prometieron ser laberintos eternos. Será por eso que hay que barrerlas rápido. A las hojas y sus promesas. El viento se encarga de eso. El olvido también. A los pájaros sólo les corresponde llorar mientras cantan.

sábado, 21 de mayo de 2011







el Cansancio
en el pie............................ que no quiere




la curva
en la espalda..................... que no puede




la noche
en los ojos........................ que no saben




el vacío
en las manos..................... que no golpean




el frío
en la memoria.................... que no siente




y aferrarse
a pesar de tanto
a La Voz..............................que no se olvida
.
.
.

Si la poesía


soporta


el ruido


para abrirse paso


y aún así


llega al papel


es que


seguramente


sobrevivirá


a cualquier tiempo


y a sus nuevos ruidos

lunes, 26 de abril de 2010


Este es el tiempo de escribir para el tesoro.
De juntar chucherías de la vida,
guardarlas en palabras
y dejar que reposen.

Después vendrá el tiempo de inaugurar otras búsquedas.
De abrir el juego.
Después serán los tiempos de la delicia, de la sorpresa,
(esa que contaba algún libro leído allá y hace tanto… )
y el momento en que alguien quiera abrir el cajón,
saque al azar cualquiera de todos los misterios y entonces…

Entonces tal vez suceda

Ese día será cuando el tesoro vea la luz
y su sentido de existencia…

Entre tanto garabato de palabras
empolvadas de vida,
se irá dibujando en el aire,
la historia y la herencia.

jueves, 22 de abril de 2010


Necesito rescatar el derecho ancestral, secreto, sagrado. Mi derecho a gritarle al perro. A tirarle un vaso de agua al televisor. A vaciarme las manos de platos sucios. A romper el papel que trae mi nombre encadenado a números.

Tengo derecho a festejar un poco de alegría con serenata, humo, mate o almohada. Derecho a tirarme panza al sol, brazos atrás, ojos adentro. Derecho a no cargar maquillaje y sí papeles. Derecho a que un pañal, el agua hirviendo y la planilla, esperen.

Quiero mi derecho a desatarme la euforia, a no domesticarme los impulsos. Mi derecho irrenunciable a olvidarme las explicaciones, a dejarlas sueltas para que las atrape el que pueda y que entienda el que merezca. Necesito rescatarme este derecho, que es uno, que son todos, que son yo. Y una vez, por favor...


una vez, no pensar en nadie más.

lunes, 25 de enero de 2010

Ella llora.

Yo la miro.

No puedo dejar de escucharla y sin embargo,
la miro

Me quedo quieta.

Me vé.

Sabe que estoy.

Tengo poco segundos para esta rebeldía.

Ella llora más fuerte.

Alguien vendrá a rescatarla

Y me nombrará mala madre.

sábado, 26 de diciembre de 2009


No estás.
Quién diría que tanta ausencia
pudiera existir entre nosotros.
Sí.
No estás.
Y por primera vez
ni desesperación ni asfixia
logran invadirme.

Cambio de oxígeno
como aquel recién nacido
que, pese al llanto,
logra asimilar otro mundo.

No estás

para saborear nuevos paisajes
me acompaña tu nombre

Y sé,
mientras despabilo telarañas o miedos,
que no estoy sola

martes, 17 de noviembre de 2009

Ningún cuestionamiento es inútil.
Y sin embargo,
conozco el paredón blanco
de preguntas muertas.

Distinguirlas
- supongo -
es la hazaña sabrosa
que da sentido a cualquier existencia



Alguien en mí decide mirar su atrás, todos sus atraces, todos esos inconclusos que no llevan nombre por tan difusos que aparecen así, fantasmales, permanentes, impávidos.

Y miro una lágrima vieja, cualquiera, que no me explica ninguna otra razón que la herida abierta.

Punzante memoria esta, con tanta sed de martillar resentimientos.

lunes, 14 de septiembre de 2009


Y si escribo, es entre ruidos.
Ruidos que no terminan, que invaden y atraviesan.
Ruidos de esos, los inevitables, los necesarios. Los que se buscan como parte de uno, de la preciosa necesidad de que el día sea cierto y ellos estén.
Ellos, los ruidos, los eternos ruidos de los mil nombres.

Entonces.
Si los ruidos son míos.
Si llevan mi nombre en la espalda.
Si ellos mismos se me suben por todos los rincones para decirme que están, que llegaron, que tuvieron buen día y me extrañaron, que dónde estabas y a qué hora volvés, que esto es más importante porque vos lo sos para mí, que la fecha era ayer y un favorcito nada más, vos que podés y te sale tan bien.
Si todos mis ruidos andan circulándome para abrazar lo que soy...
¿Acaso es culpa de ellos que yo no logre hilvanar palabras?
¿Acaso ellos deberán cargar encima de sus propias espaldas tan pequeñas, tan milagrosamente perfectas, la responsabilidad de mis silencios?
¿Son estos ruidos los que me quitan las palabras esquivas y a contramano?
Basta.
Que vengan mis ruidos a poblarme
Que vengan y se aniden
Que me enseñen nuevos lenguajes en nuevas voces
Tal vez este es el tiempo, el desafío, la verdad
Tal vez hoy deba hablar de ellos

domingo, 22 de marzo de 2009